Cómo armar un jardín con plantas silvestres

Primero te mostramos algunas de las especies más atractivas, ahora te contamos cómo enriquecer tu casa con colores naturales ¡Tomá nota!

Algunos días atrás te mostrábamos algunas de las plantas silvestres que habitan nuestra Pampa. Lejos de ser maleza, estas especies tienen una belleza particular que vale la pena recuperar. Por otro lado, también tienen sus ventajas, casi no necesitan riego porque están adaptadas al régimen de lluvias y al clima de la zona.

Más allá de esto, ahora te traemos algunos consejos para que empieces a poblar tu propio jardín con algunas de estos interesantes ejemplares autóctonos.

Una buena idea es abrirle paso adoptando las plantas autóctonas más atractivas que van llegando, recolectar semillas, sembrarlas y hacer intercambios con amigos. Armar canteros de refugio y experimentar es un buen comienzo.

En jardines rurales se puede dejar orlas de pasto alto como elemento de diseño. Al abrir la pradera prosperan especies que antes estaban dominadas y al cambiar la composición florística puede haber buenas sorpresas. El resto es selección: sacar las plantas indeseadas, darles aire a las más bonitas indígenas y aceptar que habrán momentos de esplendor y épocas bajas. El cambio es parte del placer que proporcionan los jardines de aspecto natural.

Una opción menos trabajosa para obtener plantas nativas es comprarlas en los viveros de autóctonas que, por suerte, poco a poco se van multiplicando.

Muchos investigadores de distintas universidades y del INTA están explorando el potencial ornamental de plantas autóctonas en distintos puntos del país. Ya se han anotado en el Registro Nacional de Cultivares nativas para uso ornamental obtenidas en el país. Las pioneras fueron líneas de Nierembergia, el chusco, una herbácea florífera resistente a la sequía.

Ideas prácticas
A gran escala: Cortaderas y cannas forman, algunas veces, una asociación en terrenos húmedos que puede repetirse en el jardín. Se puede unir para dar un interés primaveral al Senecio bonariensis, una planta con la ingenuidad de la margaritas pero de tamaño deliciosamente desmesurado.

Pequeños tesoros: Las bulbosas ameritan un rincón que se encenderá con sus flores según la época. Ocupan poco lugar e incluso pueden cuidarse en un conjunto de macetas.

Un hallazgo: La Nicotiana longiflora (flor de sapo) puesta en cultivo puede ser una planta encantadora para disfrutar de noche en el jardín. Tienen una floración muy larga, desde la primavera hasta principios del otoño y, con los años, forma una gran masa de florcitas blancas y suavemente perfumadas que abren al atardecer. Hay que plantarlas semiocultas para que no se note su aspecto desprolijo durante el día.

Elegir el color: El azul en la Verbena bonariensis, el amarillo en la vara de oro (Solidago chilensis) y el rojo en el coral del campo (Dicliptera tweediana). Todas florecen en verano y crecen bien en terreno rico y algo húmedo.

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