Hormigas: mi querido enemigo

Son el desvelo de cualquier jardinero, pero conocerlas puede ayudarnos a comprenderlas y a buscar soluciones en beneficio de todos.

Mientras los seres humanos deambulaban desorganizados viviendo de la caza y la pesca, las hormigas cortadoras de hojas ya conocían las ventajas de la división del trabajo y la agricultura. Pese a ser los autores intelectuales de la idea de cultivar para alimentarse, ahora son consideradas como una plaga en cultivos, plantaciones y jardines. ¿Cómo ha sido este proceso?

Los patriarcas de la agricultura
Las hormigas cortadoras de hojas utilizan el material vegetal como sustrato para el cultivo de un hongo que es el principal alimento de la colonia. Los fragmentos de plantas son introducidos en el hormiguero por las hormigas obreras y allí otras de menor tamaño fabrican una pasta que sirve como sustrato para el crecimiento del hongo. Éste es luego "cosechado" por hormigas especializadas y sirve de alimento para las larvas. En consecuencia, las hojas sirven principalmente para mantener el sistema de cultivo. Sin embargo, al hongo no le da lo mismo crecer sobre cualquier especie de planta.

En ambientes naturales, las hormigas atacan una gran cantidad de especies diferentes en busca de los nutrientes adecuados. Cuando el ambiente natural de las cortadoras es reemplazado por cultivos, plantaciones o jardines, suceden dos cosas que las transforman en plagas. Primero, estos cambios implican una reducción en el número de especies de plantas (un ejemplo extremo es el reemplazo de un bosque por un monocultivo) y entonces el ataque se concentra en unas pocas. Segundo, las especies que el hombre utiliza normalmente no poseen una historia en común con las hormigas cortadoras (son exóticas, por ejemplo) y, por lo tanto, carecen de buenas defensas contra este tipo de insectos.

De dónde vienen y adónde van
Al menos una vez al año, los hormigueros producen hormigas aladas: son las reinas vírgenes y los machos que salen volando del nido en busca de pareja. Cuando una reina encuentra en el aire a un macho que le "agrada", se produce la cópula.

Luego, ésta sobrevuela el paisaje buscando un sitio donde fundar su propia colonia, aterriza en el lugar elegido y realiza un pequeño hueco en el suelo, en donde se acomoda. Nunca más verá la luz del sol, se dedicará toda su vida a poner los huevos que generarán larvas, éstas se transformarán en pupas y finalmente saldrán las hormigas que formarán su colonia. Para ello posee dos cosas: un reservorio interno de espermatozoides (recuerdo de su vuelo nupcial) que usará (durante toda su vida) para fecundar los óvulos que generarán las hembras de la colonia y un poco de hongo en su boca con el cual iniciará su propio cultivo.

Al principio, sólo se producen algunas obreras que serán las encargadas de acondicionar el nido y buscar las primeras hojas para el cultivo del hongo. A medida que pase el tiempo, ese nido puede transformarse en una estructura gigantesca de varios metros cuadrados de diámetro, 10m de profundidad, millones de hormigas, con una capacidad de cortar vegetación del equivalente a una cancha de fútbol por día.

A partir del segundo o tercer año de vida de la colonia, la reina comienza a generar machos y reinas vírgenes para continuar el ciclo de las hormigas cortadoras de hojas. Como la única hormiga del nido que deja descendencia es la reina, su muerte determina el fin del hormiguero, pero es muy longeva. Mientras que una obrera común vive alrededor de tres meses, la reina vive entre 10 y 20 años.

¿Eliminar al enemigo o proteger al amigo?
El 27 de julio de 1909, la ley nacional 4.863 estableció como plagas a las hormigas cortadoras por su color (coloradas y negras) sin determinar qué especies eran. Los tiempos cambiaron y ahora se sabe que el estatus de plaga de este tipo de hormigas es independiente del color.

En la Argentina existen, al menos, 20 especies de hormigas cortadoras de hojas, aunque seis de ellas aún poseen estatus taxonómico incierto. De las 14 especies restantes, sólo cuatro son consideradas plagas importantes (Atta vollenweideri, Atta sexdens, Acromyrmex landolti y Acromyrmex lundi) y se encuentran distribuidas principalmente en el centro y norte del país.

El hormiguero depende exclusivamente de su reina y su cultivo de hongos. Entonces, los métodos de combate y control que apuntan a las obreras son poco eficaces. Las formas más actuales de eliminación de nidos son químicas y se basan en el estudio de su dieta: conocer las especies de plantas que las hormigas no cortan, analizar el contenido químico de esas hojas y aislar las sustancias nocivas para las hormigas o el hongo que cultivan.

Así se descubrieron los venenos que se comercializan actualmente. Los más comunes se presentan en forma de cebos que combinan atracción (para que sean llevados al nido) con toxicidad para que no sólo se contaminen las obreras por contacto, sino que sean ingresados en el nido y hagan el mayor daño posible a la colonia.

A una escala casera, existen otras alternativas un poco más rústicas, pero igualmente funcionales. Por ejemplo, la conocida botella de plástico cortada por la mitad y colocada alrededor del tallo es una forma económica de impedir, o al menos entorpecer, el ataque de las hormigas.

Una alternativa menos conocida (pero igualmente eficaz) es usar grasa de auto. Cubrir un trapo de grasa de litio y atarlo alrededor del tallo de una planta brinda una excelente protección para la planta porque a las hormigas no les agrada ni el olor ni la viscosidad de la grasa.

La sabiduría popular de los campesinos tropicales regala otra interesante alternativa de protección. El proceso del cultivo del hongo genera restos orgánicos (basura) que, según la especie, es depositado en cavidades internas o en montículos sobre el suelo. Si los basureros son externos, puede utilizarse esa basura (que alberga microorganismos nocivos para las hormigas y el hongo que cultivan) para rodear el tallo de una planta como protección. El efecto repelente dura en general hasta dos semanas. Y como un adicional, esta basura posee una concentración de nutrientes más alta que la de cualquier fertilizante comercial. Negocio redondo: se impide el paso de las cortadoras y al mismo tiempo se fertilizan las plantas.

Por Alejandro Gustavo Farji-Brener, Universidad Nacional del Comahue (Bariloche) y Conicet.

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