Conocé el colorido mundo de las amapolas

Con más de 100 especies distintas, tonos vivaces e imagen agreste. Acá te contamos todo sobre su cultivo y cuidado

Las amapolas aman el sol, requieren suelos ordinarios, buen drenaje, no demasiada agua y nada de fertilizantes. En primavera, los pétalos se abren como grandes cápsulas y logran imponer puro color e intensidad a nuestros espacios abiertos. Sólo hay que protegerlas del viento excesivo porque es un factor adverso que deseca las flores prematuramente.

Propagación
La forma mas fácil y natural es a partir de semillas. Pero son tan minúsculas que generalmente se las mezcla con arena para aumentar el volumen. Después, es necesario carpir y desmalezar cuidadosamente el sitio en el que se efectuará la siembra –cualquier labor posterior impedirá la germinación–.

La semilla no debe cubrirse, simplemente distribuirse sobre la superficie deseada. Es importante no sembrar densamente para evitar un apiñamiento que estropearía la composición; la germinación es excelente en el caso de semillas frescas. Es aconsejable sembrar los distintos colores en diferentes lugares del jardín y, a su tiempo, recoger la semilla clasificándola separadamente, de lo contrario lo común es que sólo los tonos rojos en flores simples predominen.

En el caso de las especies perennes, como P. orientale, sembrar las semillas no producirá la misma variedad sino otros colores. En estos casos se puede usar el método de propagación por gajos de raíces. Para esto se retiran cuidadosamente las plantas adultas para exponer algunas de las raíces más gruesas que se cortan en trozos de 5cm y se insertan en macetas o bandejas en un compost poroso y en el mismo sentido que tenían en el suelo. Al cabo de algunas semanas, cada una será una planta de amapola en miniatura que responderá exactamente a la variedad original.

Amapolas para climas más benignos
Hay especies que toleran los climas con inviernos benignos. Pueden reaparecer año tras año con cuidados mínimos. Las flores son frágiles y es importante situarlas en lugares protegidos de los vientos intensos. También en este caso se deben retirar las flores marchitas para prolongar la floración.

Una vez secas las flores y formadas las cápsulas es necesario que la planta se seque en su lugar para producir las semillas para la siguiente temporada. Si se arrancan verdes, el ciclo se interrumpirá. Las amapolas de este tipo se secan de improviso una vez formadas las cápsulas, y dejan huecos poco estéticos. Es por esto que el mejor uso que se puede hacer de ellas es en borduras de plantas bajas a medianas donde su repentina ausencia pasará inadvertida.

En esta vaeriedad se encuentran la Papaver rhoeas, la ‘American Legion’, ‘Flanders Field’, Somniferum, Bracteatum y Album.

Las amapolas del frío
Como en tantas otras clases de plantas, las diferentes especies de amapolas provienen de regiones y condiciones diversas. Entre aquellas que sólo prosperan en climas fríos o con inviernos crudos están: Papaver orientale, ‘Allegro’, ‘Brilliant Beauty’, ‘Livermore’, Papaver burseri (P. alpinum) y la Papaver nudicaule.

Las amapolas que no son amapolas
En la misma familia Papaveraceae, se encuentran otras plantas muy semejantes en su aspecto a las verdaderas amapolas: Hunnemannia, de flores amarillas; Eschscholtzia, de flores amarillas, anaranjadas, rosadas, crema, etcétera; Macleaya, de flores blancas; Meconopsis, de flores de un azul claro espectacular; Argemone, de color amarillo limón claro. La variedad de colores en los pétalos tiene gran valor ornamental.


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