Arquitectura paisajista: Una chacra frente al mar

Este trabajo fue realizado por Amalia Robredo en Punta del Este, sobre una superficie de 5 hectáreas

La intención era estructurar el espacio para que se usaran las cinco hectáreas de la propiedad, con recorridos y diferentes situaciones de interés, con el encanto de los opuestos entre la intimidad acogedora del monte y la imponencia de la vista al campo y al mar. La idea fue parquizar rápidamente grandes extensiones de manera sustentable, sin demasiado costo ni mantenimiento y sin perder la sensación de campo, a través de praderas naturales y pircas. Todos los jardines serían integrados mediante senderos de pedregullo.

El contexto

La topografía del lugar y la contundente naturaleza eran, a la vez, privilegio y obstáculos a sortear. El mar se presentaba como una pieza vital del paisaje . La integración entre lo dado, las necesidades de uso y los lineamientos del diseño se convirtió en un factor fundamental.

La casa en lo alto de la colina, rodeada por un centenario monte de coronillas , daba la sensación de estar frente a un antiguo fuerte colonial. Teniendo la arquitectura en cuenta, la premisa en todo el proceso fue mantener una fuerte identidad local.

La realización

Se accede a través de una pradera de más de 800 plantas de Cortaderia selloana sobre la profunda laguna construida de manera natural. En constante movimiento, imitan la espuma blanca de las olas. El camino hacia el casco está escoltado por las redondeadas formas de Baccharis dracunculifolia y las exóticas Euryops pectinatus , que evocan las margaritas nativas (Senecio selloi) que cubren el campo uruguayo durante la primavera. De esta manera, hay flores casi todo el año sin perder el estilo silvestre y autóctono.


Este trabajo fue realizado por Amalia Robredo en Punta del Este, sobre una superficie de 5 hectáreas
En el área alrededor del casco se construyeron muros que se pierden dentro del monte para crear la ilusión de fuerte amurallado, mientras dan estructura y generan los espacios. Una vez adentro de la muralla, aparece el espacio interno donde dan todas las construcciones : casa principal y de huéspedes, casa de caseros, huerta, frutales, plaza de juegos, caballerizas, galpones y estacionamiento. Dentro de este reparo estalla la plantación, toda muy campestre: Salvia guaranitica, ‘Indigo blue’ y leucantha, Plectranthus neochilus, Gallardia, Buddleia davidii, Durantha repens, Tulbaghia violacea, Verbena bonariensis, Pennisetum rubra, varios Miscanthus, Spartium junceum y el autóctono Ricinus comunis.

Desde este sector se puede acceder a la huerta circular con verduras, hierbas y flores de corte. El invernadero se construyó con paneles de hierro de demolición, dando la sensación de haber estado ahí por años . La plaza de juegos, protegida por la sombra de un monte autóctono (coronillas, arueras, canelones, chal chal, entre otros), está cubierta de cáscaras de arroz que crean una alfombra suave que amortigua las caídas de los niños.

Se sale del espacio interno hacia el jardín privado a través de otro muro. Todas las puertas del parque pertenecían a las celdas de la antigua cárcel de Montevideo, reforzando la sensación de fuerte amurallado. Ahí se encuentra la pileta, refugiada de los fuertes vientos marinos por las coronillas, que busca parecer un estanque integrándose en el paisaje naturalmente. Dentro del monte hay varios espacios diseñados en función de los vientos y los efectos de luz que cambian durante el día, con distintas mesitas y lugares de estar.

Al ser una zona de abundantes víboras venenosas, se diseñó el área alrededor de la casa con un concepto ecológico en mente. Todo el primer anillo que la rodea no tiene césped, sino pedregullo, que a la vez hace suave la transición entre la naturaleza y la piedra. Las víboras necesitan camuflaje para evitar ser cazadas por las constantes aves rapaces que sobrevuelan el lugar, por eso no atraviesan los senderos de pedregullo o la cáscara de arroz, que las dejan vulnerables. Tampoco se diseñaron canteros cerca de las puertas de la casa. Una pradera de Eryngium pandanifolium alberga ranas, que son el festín de las víboras, invitándolas a instalarse en ese sector bien alejado de las casas.


Este trabajo fue realizado por Amalia Robredo en Punta del Este, sobre una superficie de 5 hectáreas
Dentro del monte hay tres tipos de helechos: Adiantopsis chlorophylla, Blechnum australe spp. auriculatum y Rumora adiantiformis (calaguala). Para resaltar su presencia, se adjudicó un área a cada tipo y se quitaron todos lo renovales que germinaban para dejar paso a la expansión del helecho, creando grandes alfombras.

Desde el área protegida del jardin privado se sale, a través del monte, para cambiar la atmósfera completamente y llegar a un anillo de césped con su franca vista hacia el mar. A partir de algunos grupos de árboles desperdigados se construyó una pirca baja (de 50cm) formando un semicírculo donde se corta el pasto. No se usaron panes ni semillas de césped, sólo lo que crece espontáneamente . De esta manera, no se necesita regar y la cobertura está siempre verde. Se deja crecer en ciertas época para poder disfrutar de los Oxalis articulata en la primavera y los bulbos de flores rosadas (Habranthus gracilifolius) en el otoño.

A través de una gran reja se sale hacia las praderas, que se convierten en el foco del paseo, y la laguna. Las praderas son dinámicas y suelen ir modificándose con los años, característica que fue descubriéndose mediante prueba y error . Durante dos años no se cortó ese sector, pero sí se "retocó": en los paneles laterales no se dejaba que brotaran los arbustos, los cuales eran retirados con machete, y sólo se dejaban crecer las gramíneas. Mientras tanto, en el espacio central se dejó todo lo que crecía.


Este trabajo fue realizado por Amalia Robredo en Punta del Este, sobre una superficie de 5 hectáreas
El primer año hubo gran diversidad de gramíneas y Eryngium sanguisorba, pero después empezó a haber una homogeneidad de Andropogon lindmanii . Definitivamente, se había perdido una gran cantidad de espigas interesantes, pero a la vez se había ganado un gran mar de espigas amarillentas con un moteado de Eryngium sanguisorba. Para evitar que una especie domine el área, hay que mantener la pobreza de la tierra, es decir, cortar y retirar el material antes del invierno. Si el suelo se hace más rico, las gramíneas más fuertes encuentran terreno para avanzar y ahogan a las anuales, a la más débiles, a las que tardan en reproducirse (generalmente tolerantes al estrés) o a las que forman rosetas.

En un sector se dejaron crecer los arbustos: se cortó todo el pasto y se dejaron las formas redondeadas de Baccharis dracunculifolia y Baccharis spicata . Este lugar, enmarcado por las praderas de gramíneas, genera un juego de texturas, dejando en claro la intervención de la mano del hombre. Con el correr de los años, al dejar desprotegidas a las chircas (Baccharis), éstas fueron muriendo durante los inviernos. Hoy en día se está tratando de reproducirlas para volver a incorporarlas.

Enmarcar las praderas con pircas, senderos o arbustos es importante ya que denota la intencionalidad en el diseño sin perder naturalidad. A lo largo de toda la chacra hay glorietas, rejas y otros elementos que contrastan, resaltan o enmarcan la rusticidad del campo , ratificando sutilmente la mano del hombre en un paisaje que parece haber estado siempre así, y aportando un necesario toque de sofisticación.


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